Aunque puede que los rescates gubernamentales a los bancos y la baja en el costo de los créditos interbancarios hayan calmado parte del pánico entre los inversionistas, el sentimiento de la mayor parte de las autoridades dista mucho de la euforia. Ello se debe a que aún hay dos factores fundamentales que podrían determinar la evolución de los mercados en los próximos meses.Primero, la mayoría de los políticos se prepara para una acentuada ralentización económica durante el invierno; no sólo en Estados Unidos, en un principio epicentro de la crisis, sino también en Europa y en los mercados emergentes. “Por desgracia, aunque hemos evitado una recesión técnica, el PIB (de la eurozona) volverá a caer en el cuarto trimestre del año”, advertía Aurelio Maccario, economista de UniCredit.
Uno de los aspectos más notables de la crisis es que no ha habido una recesión previa: en el pasado, siempre se producía un sobresalto económico que después llegaba al sector bancario. Por ese motivo, a algunos observadores les preocupa que la inminente ralentización económica termine por agravarse considerablemente, dada su coincidencia con la debilidad del sistema financiero. “Incluso si pensamos que lo peor de la crisis bancaria ya pasó, todavía nos enfrentamos a la amenaza nada desdeñable de una inminente recesión de la economía global, lo que determinará más que nunca el sentimiento de mercado”, asegura Stuart Bennett, analista de Calyon.
El segundo factor crucial para mostrar cautela es que el proceso de desapalancamiento dista mucho de haberse completado y es difícil saber cuándo concluirá, porque los datos de deuda apalancada son incompletos. No obstante, la mayoría de las autoridades y economistas coinciden ahora en pensar que aplicar una mayor reducción de la deuda no sólo es inevitable, sino conveniente.
Una medida de esas características podría provocar más problemas a las instituciones con un alto nivel de endeudamiento, e incluso a determinados países, aunque no se produzca una amenaza sistémica. Ahora mismo, los operadores miran muy de cerca el caso de Islandia. Aunque se espera que el FMI organice un plan de rescate, el elevadísimo nivel de apalancamiento de Islandia podría dificultar el diseño de una estrategia de salida de la actual crisis.
A un nivel más general, los problemas de Islandia han concentrado la atención en otros mercados periféricos o emergentes que, de una u otra forma, presentan un alto nivel de endeudamiento. El costo de asegurar a países como Ucrania, Kazajstán y Pakistán a través de swap de impagos de crédito ha aumentado en las últimas semanas hasta niveles que implican un alto riesgo de impago. Algunos analistas temen que esto pueda desencadenar una volatilidad severa en los mercados cambiarios de los países emergentes. Por último, la situación del mercado de préstamos apalancados genera ahora mismo mucha incertidumbre. Hasta ahora, a diferencia del sector hipotecario, no ha habido una avalancha de impagos y algunos analistas creen que las consecuencias no se harán notar hasta dentro de uno o dos años porque muchos préstamos se diseñaron durante el boom crediticio con pocas garantías legales.





